Zahara de los Atunes. El nombre no es decorativo: viene de la almadraba, el
laberinto de redes que desde hace siglos se cala frente a esta costa para
interceptar al atún rojo cuando entra al Mediterráneo a desovar. Es una técnica
de origen fenicio que todavía se practica en Barbate, Zahara, Conil y Tarifa, y
que marca la temporada fuerte del pueblo entre la primavera y comienzos del
verano.
Eso explica por qué aquí el atún no se cocina de una manera, sino de veinte. Cada
despiece tiene su nombre y su tratamiento: el morrillo, la ventresca, el
tarantelo, el solomillo, la facera. Pedir "atún" sin más es quedarse
en la superficie.
Antes de reservar, dos avisos
Reserva. En julio y agosto los sitios del centro llenan a diario y varios son
estrictos con la puntualidad: hay reseñas de mesas perdidas por llegar diez
minutos tarde.
Pregunta el precio de lo que está fuera de carta. Es la queja que más se
repite en toda la zona, y no solo en restaurantes de atún: una sugerencia del día
puede costar el triple de lo que uno espera. Preguntar no es de mal gusto; es lo
que recomiendan los propios clientes en sus opiniones.